viernes, mayo 15, 2009

Recuerdos


Nos encontrábamos en un lugar sombrío, húmedo, y de una tensión que era capaz de cortarse en el aire. Era de noche, donde irónicamente siempre se da a lugar situaciones desagradables. Somos los encargados de las evacuaciones ante golpes terroristas y de ataques del frente enemigo. Es una noche oscura y fría, sólo hace un par de horas ha dejado de llover, y a estas alturas nos encontramos temblando por el frío que se cuela por las casacas de cuero que traemos puesta. Son alrededor de las 3:00 de la madrugada y somos acompañados por leves sonidos de ladridos a unas cuantas cuadras de nuestra posición. Estábamos en alerta pues en las últimas noches habíamos recibido ataques menores, que ya dejaban algunos de los edificios de la cuidad en escombros.

Teníamos una alerta de un gran ataque pero nada más. No sabemos de dónde vienen o por qué atacan, y cuál es su objetivo. Mi amigo es Aespartacus, siempre fiel y aunque varias veces hubiera preferido salir arrancando ante el temor, nunca lo hizo, y con una hidalguía envidiable jamás dejo su puesto cumpliendo con su deber, y esta no sería la excepción. Patrullando las calles oscuras y húmedas con charcos de agua conformados aleatoriamente en las callejuelas, la noche se hacia interminable.

De un momento a otro, una serie de alarmas y luces rojas interrumpieron la tensa quietud de la noche. Para estar incrustado en una gran cuidad, era una zona muy poblada por la gran cantidad de comercio que alguna vez, antes de la guerra, existía en este lugar. La gente acostumbrada a este tipo de evacuaciones salieron rápidamente de sus moradas, hacia los bunkers de protección, nosotros recibimos avisos de que un gran ataque seria recibido esta noche, y que ya nada se podía hacer, que éramos relegados de nuestros deberes y que esperáramos solamente el final de todo esto. Esta fue la última orden que recibimos de nuestros superiores, y aunque hubiera significado para cualquier persona un alivio, aunque fuese momentáneo ante la próxima tormenta. Nosotros ya no teníamos donde llegar y hace mucho tiempo que ya no conocíamos otro tipo de vida.

Comenzaron a escucharse explosiones a lo lejos y la gente que aún no había acabado la evacuación, desesperaron y comenzaron a correr desenfrenadamente, atropellándose unos a otros dejando varios cuerpos moribundos al paso de la estampida de cuerpos apretujados y griteríos de histeria. No pudimos hacer más que presenciar tal acto tan incoherente y salvaje sólo para defender sus propias vidas. Cuando hubo un poco más de calma comenzamos a buscar algún tipo de refugio, había comenzado a llover nuevamente y nos encontrábamos solos otra vez, pero en esta ocasión con algunos cuerpos pisoteados en las calles. Tratamos de refugiarnos bajo algún lecho, pero fue imposible ya era una tormenta lo que en un principio no era más que un par de gotas caídas de un negro cielo.

Nuestros cuerpos temblaban y casi perdíamos la conciencia por rendición. En ese momento sentí como me tomaban del brazo y nos conducían en una semi-inconciencia por las lúgubres, y destruidas calles de la cuidad. Se abrieron unas puertas de un recinto, el cual reconocía bien pues era unos de los tantos bunker repartidos por la cuidad, sabíamos que ante una amenaza real no servirían de mucho. Pero al momento de entrar, sentí como una sensación mezclada con sentimientos melancólicos inundaba mi ser ya abatido por la fatiga y frío de aquellas noches de vigilia. El lugar era iluminado y reconfortante, había música ambiental que provocaba una especie atmósfera calma y totalmente ajena con lo que se avecinaba, esta música no era casual, estaba dispuesta en cada uno de los bunkers con intención de causar un efecto subliminal de tranquilidad a los residentes. Se separaban por habitaciones cada una con alrededor de 10 personas con acogedoras colchonetas y plumones abrigadores, las personas dentro de la habitación se encontraban conversando amenamente, mientras nuestro guía nos mostró nuestros sitios y diciéndonos que lo esperáramos un segundo que ya vendría con algo para comer. Ya terminábamos de comer y un sueño abrumador cerro mis ojos y con ellos mis últimos recuerdos de aquella noche.

No hay comentarios.: