El Antes y el Después del Pequeño
Los recuerdos son tan antiguos y aunque algunas veces cuesta impregnar las sensaciones en el papel, estos van despertando rápidamente, escenarios que creía perdidos en mi mente, olores y sentimientos de una vida diferentes. Algunas cosas sería mejor poder olvidarlas…
De una risa y aura encantadora, era aquel muchachito que no superaba las cinco primaveras, que con una avidez mental envidiable, sabía leer y escribir con gran destreza. Además por esencia manipuladora, siempre lograba lo que quería, sin tener que derramar una sola lágrima. No pasaba desapercibido, el único descendiente de la familia, que prometía a gritos perdurar la sangre espesa que corría por sus venas. Siempre había un espectáculo alrededor del, atrayendo la atención de todo el mundo riéndose y maravillándose por su pura forma de ser, y nunca tuvo tapujos en conversas de tú a tú con un adulto o anciano, y sin faltarles el respeto nunca pudo distinguir, las formalidades que en el tiempo donde fue criado eran tan importantes.
El niño, aunque amado por todos, era muy incomprendido por sucesos que desde su nacimiento vivieron con el. Si bien es cierto que la familia estaba al conocimiento y de hecho avisada desde antes de su llegada como serían las cosas, no eran capaces de entender las emociones del infante. El pequeño veía con total naturalidad personas y escenario que a los ojos de un normal no existían, lo dejaban por imaginativo o de frentón esquizofrénico. Tenía dos amigos imaginarios para todos, pero absolutamente reales para el, que le ayudaban desde las tareas más básicas en su vida, hasta las más complejas, contándole verdades sobre sus padres o familia, y secretos que permanecían guardados inclusive ante de su llegada.
El niño gozaba de una salud excelente, nunca resfriaba, nunca un doler de estómago, ni dolores de cabeza, y por más fuerte que fueran sus caídas, nunca tuvo lesiones. Pero esto tenía un costo asociado, por lo menos una vez al año el niño sufría de fiebres incontrolables sin razón alguna, que lo dejaban en la inconsciencia por toda una noche, sólo una noche. Esto siempre fue así y siguió siéndolo después de su cambio. Nunca ha habido explicación para esto, sólo llegaba esta fiebre de altas temperaturas y se marchaba al amanecer del día siguiente, sin dejar ningún rastro de ella.

El pequeño Marco aunque feliz era su vida, siempre se debatía en la soledad que conllevaba el vivir entre dos realidades ajenas una de otra. Así pasaron largos cinco años en los que con plena conciencia de lo que sucedía, el niño se agotaba rápidamente al tratar de fingir que todo era normal y que ya no veía ni escuchaba otras realidades. Cuando una noche comenzó, también lo hizo la fiebre, pero en esta ocasión las cosas fueron algo diferentes, el niño no perdía el conocimiento y la fiebre atacaba con mucho más fuerza que en ocasiones anteriores, el niño convulsionaba a ratos por el dolor, remeciendo su pequeño cuerpo en espasmos de sufrimiento. De un momento de calma en el del dolor, todo comenzó. Ahí estaba Kaly explicándole lo que sucedería, son un semblante altivo y aristócrata, con una mirada que se perdía antes la profundidad de sus ojos negro, su voz era serena pero tenía la fuerza de una persona segura de sus convencimientos. Era extraño pero de alguna manera, aquella aparición le daba alivio al alma del pequeño, se sentía seguro con aquel extraño tan familiar para el. No puso dudas en sus palabras, pues sabía que Kaly por duro y apático que se mostraba, no respondía con mentiras a sus preguntas. Para el niño, las personas tanto de este plano como del otro, eran un libro abierto, y nunca había errado en su parecer frente a alguien, permitiéndole fácilmente identificar cuando querían mentirle u ocultarle verdades.
Cuando la noche paso, la fiebre ya se había ido completamente y el niño despertaba de una larga y agotadora noche, sus padres habían permanecido en vela, vigilando el sueño de pequeño. Se notaba en sus caras atisbos de preocupación a causa de los acontecimientos sucedidos durante la noche anterior, el niño no detuvo su vista en sus padres, pues estaba presenciando como sus ajos habían cambiado, esta vez ya no veía indiscriminadamente lo que se le pusiera adelante, sólo lo que el desease ver. Fue un gran alivio hace mucho tiempo que sus habilidades estaban en descontrol, ahora era uno más de sus sentidos como el escuchar u oler.
Estaba sereno y reflexivo, ya no prestaba tanta atención a como los demás lo vieran, sabía perfectamente que había cambiado, pero por alguna razón seguía siendo el mismo, sólo que esta vez dominándose completamente y con una cantidad de información abrumadora en su cabeza. Sus padres lo observaron durante largo tiempo esperando su reacción. Los saludó, y les dijo que todo estaba bien, que tomaría un tiempo en volver a ser el mismo de antes, cosa que nunca llegó. Los padres con su gran amor, nunca dejaron de lado a su hijo y siempre lo apoyaron en todo lo que estuviera a su alcance.
También notaron grandes cambios en el muchacho, desde que ya no reía con tanta frecuencia, y que reflexionaba mucho antes de actuar, como en una conversación interna que le permitía tomar siempre la mejor decisión. Sus facciones también cambiaron, sus ojos eran profundos y de una vitalidad sorprendente asombrosa. Su estructura ósea mostraba pequeños cambios, que paso de ser una cara perfectamente ovalada, a una de facciones definidas y fuertes. En ocasiones particulares de mucho estrés o peligro, dejaba salir completamente la esencia de Kaly, quien controlaba de manera rápida y absoluta cualquier dificultad. La mayoría del tiempo su estado anímico se encontraba en una armonía y equilibrio absoluto entre las dos almas que compartían aquel pequeño cuerpo.
Los recuerdos son tan antiguos y aunque algunas veces cuesta impregnar las sensaciones en el papel, estos van despertando rápidamente, escenarios que creía perdidos en mi mente, olores y sentimientos de una vida diferentes. Algunas cosas sería mejor poder olvidarlas…
De una risa y aura encantadora, era aquel muchachito que no superaba las cinco primaveras, que con una avidez mental envidiable, sabía leer y escribir con gran destreza. Además por esencia manipuladora, siempre lograba lo que quería, sin tener que derramar una sola lágrima. No pasaba desapercibido, el único descendiente de la familia, que prometía a gritos perdurar la sangre espesa que corría por sus venas. Siempre había un espectáculo alrededor del, atrayendo la atención de todo el mundo riéndose y maravillándose por su pura forma de ser, y nunca tuvo tapujos en conversas de tú a tú con un adulto o anciano, y sin faltarles el respeto nunca pudo distinguir, las formalidades que en el tiempo donde fue criado eran tan importantes.
El niño, aunque amado por todos, era muy incomprendido por sucesos que desde su nacimiento vivieron con el. Si bien es cierto que la familia estaba al conocimiento y de hecho avisada desde antes de su llegada como serían las cosas, no eran capaces de entender las emociones del infante. El pequeño veía con total naturalidad personas y escenario que a los ojos de un normal no existían, lo dejaban por imaginativo o de frentón esquizofrénico. Tenía dos amigos imaginarios para todos, pero absolutamente reales para el, que le ayudaban desde las tareas más básicas en su vida, hasta las más complejas, contándole verdades sobre sus padres o familia, y secretos que permanecían guardados inclusive ante de su llegada.
El niño gozaba de una salud excelente, nunca resfriaba, nunca un doler de estómago, ni dolores de cabeza, y por más fuerte que fueran sus caídas, nunca tuvo lesiones. Pero esto tenía un costo asociado, por lo menos una vez al año el niño sufría de fiebres incontrolables sin razón alguna, que lo dejaban en la inconsciencia por toda una noche, sólo una noche. Esto siempre fue así y siguió siéndolo después de su cambio. Nunca ha habido explicación para esto, sólo llegaba esta fiebre de altas temperaturas y se marchaba al amanecer del día siguiente, sin dejar ningún rastro de ella.

El pequeño Marco aunque feliz era su vida, siempre se debatía en la soledad que conllevaba el vivir entre dos realidades ajenas una de otra. Así pasaron largos cinco años en los que con plena conciencia de lo que sucedía, el niño se agotaba rápidamente al tratar de fingir que todo era normal y que ya no veía ni escuchaba otras realidades. Cuando una noche comenzó, también lo hizo la fiebre, pero en esta ocasión las cosas fueron algo diferentes, el niño no perdía el conocimiento y la fiebre atacaba con mucho más fuerza que en ocasiones anteriores, el niño convulsionaba a ratos por el dolor, remeciendo su pequeño cuerpo en espasmos de sufrimiento. De un momento de calma en el del dolor, todo comenzó. Ahí estaba Kaly explicándole lo que sucedería, son un semblante altivo y aristócrata, con una mirada que se perdía antes la profundidad de sus ojos negro, su voz era serena pero tenía la fuerza de una persona segura de sus convencimientos. Era extraño pero de alguna manera, aquella aparición le daba alivio al alma del pequeño, se sentía seguro con aquel extraño tan familiar para el. No puso dudas en sus palabras, pues sabía que Kaly por duro y apático que se mostraba, no respondía con mentiras a sus preguntas. Para el niño, las personas tanto de este plano como del otro, eran un libro abierto, y nunca había errado en su parecer frente a alguien, permitiéndole fácilmente identificar cuando querían mentirle u ocultarle verdades.
Cuando la noche paso, la fiebre ya se había ido completamente y el niño despertaba de una larga y agotadora noche, sus padres habían permanecido en vela, vigilando el sueño de pequeño. Se notaba en sus caras atisbos de preocupación a causa de los acontecimientos sucedidos durante la noche anterior, el niño no detuvo su vista en sus padres, pues estaba presenciando como sus ajos habían cambiado, esta vez ya no veía indiscriminadamente lo que se le pusiera adelante, sólo lo que el desease ver. Fue un gran alivio hace mucho tiempo que sus habilidades estaban en descontrol, ahora era uno más de sus sentidos como el escuchar u oler.
Estaba sereno y reflexivo, ya no prestaba tanta atención a como los demás lo vieran, sabía perfectamente que había cambiado, pero por alguna razón seguía siendo el mismo, sólo que esta vez dominándose completamente y con una cantidad de información abrumadora en su cabeza. Sus padres lo observaron durante largo tiempo esperando su reacción. Los saludó, y les dijo que todo estaba bien, que tomaría un tiempo en volver a ser el mismo de antes, cosa que nunca llegó. Los padres con su gran amor, nunca dejaron de lado a su hijo y siempre lo apoyaron en todo lo que estuviera a su alcance.
También notaron grandes cambios en el muchacho, desde que ya no reía con tanta frecuencia, y que reflexionaba mucho antes de actuar, como en una conversación interna que le permitía tomar siempre la mejor decisión. Sus facciones también cambiaron, sus ojos eran profundos y de una vitalidad sorprendente asombrosa. Su estructura ósea mostraba pequeños cambios, que paso de ser una cara perfectamente ovalada, a una de facciones definidas y fuertes. En ocasiones particulares de mucho estrés o peligro, dejaba salir completamente la esencia de Kaly, quien controlaba de manera rápida y absoluta cualquier dificultad. La mayoría del tiempo su estado anímico se encontraba en una armonía y equilibrio absoluto entre las dos almas que compartían aquel pequeño cuerpo.
