viernes, mayo 15, 2009

El Antes y el Después del Pequeño

Los recuerdos son tan antiguos y aunque algunas veces cuesta impregnar las sensaciones en el papel, estos van despertando rápidamente, escenarios que creía perdidos en mi mente, olores y sentimientos de una vida diferentes. Algunas cosas sería mejor poder olvidarlas…

De una risa y aura encantadora, era aquel muchachito que no superaba las cinco primaveras, que con una avidez mental envidiable, sabía leer y escribir con gran destreza. Además por esencia manipuladora, siempre lograba lo que quería, sin tener que derramar una sola lágrima. No pasaba desapercibido, el único descendiente de la familia, que prometía a gritos perdurar la sangre espesa que corría por sus venas. Siempre había un espectáculo alrededor del, atrayendo la atención de todo el mundo riéndose y maravillándose por su pura forma de ser, y nunca tuvo tapujos en conversas de tú a tú con un adulto o anciano, y sin faltarles el respeto nunca pudo distinguir, las formalidades que en el tiempo donde fue criado eran tan importantes.

El niño, aunque amado por todos, era muy incomprendido por sucesos que desde su nacimiento vivieron con el. Si bien es cierto que la familia estaba al conocimiento y de hecho avisada desde antes de su llegada como serían las cosas, no eran capaces de entender las emociones del infante. El pequeño veía con total naturalidad personas y escenario que a los ojos de un normal no existían, lo dejaban por imaginativo o de frentón esquizofrénico. Tenía dos amigos imaginarios para todos, pero absolutamente reales para el, que le ayudaban desde las tareas más básicas en su vida, hasta las más complejas, contándole verdades sobre sus padres o familia, y secretos que permanecían guardados inclusive ante de su llegada.

El niño gozaba de una salud excelente, nunca resfriaba, nunca un doler de estómago, ni dolores de cabeza, y por más fuerte que fueran sus caídas, nunca tuvo lesiones. Pero esto tenía un costo asociado, por lo menos una vez al año el niño sufría de fiebres incontrolables sin razón alguna, que lo dejaban en la inconsciencia por toda una noche, sólo una noche. Esto siempre fue así y siguió siéndolo después de su cambio. Nunca ha habido explicación para esto, sólo llegaba esta fiebre de altas temperaturas y se marchaba al amanecer del día siguiente, sin dejar ningún rastro de ella.

El pequeño Marco aunque feliz era su vida, siempre se debatía en la soledad que conllevaba el vivir entre dos realidades ajenas una de otra. Así pasaron largos cinco años en los que con plena conciencia de lo que sucedía, el niño se agotaba rápidamente al tratar de fingir que todo era normal y que ya no veía ni escuchaba otras realidades. Cuando una noche comenzó, también lo hizo la fiebre, pero en esta ocasión las cosas fueron algo diferentes, el niño no perdía el conocimiento y la fiebre atacaba con mucho más fuerza que en ocasiones anteriores, el niño convulsionaba a ratos por el dolor, remeciendo su pequeño cuerpo en espasmos de sufrimiento. De un momento de calma en el del dolor, todo comenzó. Ahí estaba Kaly explicándole lo que sucedería, son un semblante altivo y aristócrata, con una mirada que se perdía antes la profundidad de sus ojos negro, su voz era serena pero tenía la fuerza de una persona segura de sus convencimientos. Era extraño pero de alguna manera, aquella aparición le daba alivio al alma del pequeño, se sentía seguro con aquel extraño tan familiar para el. No puso dudas en sus palabras, pues sabía que Kaly por duro y apático que se mostraba, no respondía con mentiras a sus preguntas. Para el niño, las personas tanto de este plano como del otro, eran un libro abierto, y nunca había errado en su parecer frente a alguien, permitiéndole fácilmente identificar cuando querían mentirle u ocultarle verdades.

Cuando la noche paso, la fiebre ya se había ido completamente y el niño despertaba de una larga y agotadora noche, sus padres habían permanecido en vela, vigilando el sueño de pequeño. Se notaba en sus caras atisbos de preocupación a causa de los acontecimientos sucedidos durante la noche anterior, el niño no detuvo su vista en sus padres, pues estaba presenciando como sus ajos habían cambiado, esta vez ya no veía indiscriminadamente lo que se le pusiera adelante, sólo lo que el desease ver. Fue un gran alivio hace mucho tiempo que sus habilidades estaban en descontrol, ahora era uno más de sus sentidos como el escuchar u oler.

Estaba sereno y reflexivo, ya no prestaba tanta atención a como los demás lo vieran, sabía perfectamente que había cambiado, pero por alguna razón seguía siendo el mismo, sólo que esta vez dominándose completamente y con una cantidad de información abrumadora en su cabeza. Sus padres lo observaron durante largo tiempo esperando su reacción. Los saludó, y les dijo que todo estaba bien, que tomaría un tiempo en volver a ser el mismo de antes, cosa que nunca llegó. Los padres con su gran amor, nunca dejaron de lado a su hijo y siempre lo apoyaron en todo lo que estuviera a su alcance.

También notaron grandes cambios en el muchacho, desde que ya no reía con tanta frecuencia, y que reflexionaba mucho antes de actuar, como en una conversación interna que le permitía tomar siempre la mejor decisión. Sus facciones también cambiaron, sus ojos eran profundos y de una vitalidad sorprendente asombrosa. Su estructura ósea mostraba pequeños cambios, que paso de ser una cara perfectamente ovalada, a una de facciones definidas y fuertes. En ocasiones particulares de mucho estrés o peligro, dejaba salir completamente la esencia de Kaly, quien controlaba de manera rápida y absoluta cualquier dificultad. La mayoría del tiempo su estado anímico se encontraba en una armonía y equilibrio absoluto entre las dos almas que compartían aquel pequeño cuerpo.
Recuerdos


Nos encontrábamos en un lugar sombrío, húmedo, y de una tensión que era capaz de cortarse en el aire. Era de noche, donde irónicamente siempre se da a lugar situaciones desagradables. Somos los encargados de las evacuaciones ante golpes terroristas y de ataques del frente enemigo. Es una noche oscura y fría, sólo hace un par de horas ha dejado de llover, y a estas alturas nos encontramos temblando por el frío que se cuela por las casacas de cuero que traemos puesta. Son alrededor de las 3:00 de la madrugada y somos acompañados por leves sonidos de ladridos a unas cuantas cuadras de nuestra posición. Estábamos en alerta pues en las últimas noches habíamos recibido ataques menores, que ya dejaban algunos de los edificios de la cuidad en escombros.

Teníamos una alerta de un gran ataque pero nada más. No sabemos de dónde vienen o por qué atacan, y cuál es su objetivo. Mi amigo es Aespartacus, siempre fiel y aunque varias veces hubiera preferido salir arrancando ante el temor, nunca lo hizo, y con una hidalguía envidiable jamás dejo su puesto cumpliendo con su deber, y esta no sería la excepción. Patrullando las calles oscuras y húmedas con charcos de agua conformados aleatoriamente en las callejuelas, la noche se hacia interminable.

De un momento a otro, una serie de alarmas y luces rojas interrumpieron la tensa quietud de la noche. Para estar incrustado en una gran cuidad, era una zona muy poblada por la gran cantidad de comercio que alguna vez, antes de la guerra, existía en este lugar. La gente acostumbrada a este tipo de evacuaciones salieron rápidamente de sus moradas, hacia los bunkers de protección, nosotros recibimos avisos de que un gran ataque seria recibido esta noche, y que ya nada se podía hacer, que éramos relegados de nuestros deberes y que esperáramos solamente el final de todo esto. Esta fue la última orden que recibimos de nuestros superiores, y aunque hubiera significado para cualquier persona un alivio, aunque fuese momentáneo ante la próxima tormenta. Nosotros ya no teníamos donde llegar y hace mucho tiempo que ya no conocíamos otro tipo de vida.

Comenzaron a escucharse explosiones a lo lejos y la gente que aún no había acabado la evacuación, desesperaron y comenzaron a correr desenfrenadamente, atropellándose unos a otros dejando varios cuerpos moribundos al paso de la estampida de cuerpos apretujados y griteríos de histeria. No pudimos hacer más que presenciar tal acto tan incoherente y salvaje sólo para defender sus propias vidas. Cuando hubo un poco más de calma comenzamos a buscar algún tipo de refugio, había comenzado a llover nuevamente y nos encontrábamos solos otra vez, pero en esta ocasión con algunos cuerpos pisoteados en las calles. Tratamos de refugiarnos bajo algún lecho, pero fue imposible ya era una tormenta lo que en un principio no era más que un par de gotas caídas de un negro cielo.

Nuestros cuerpos temblaban y casi perdíamos la conciencia por rendición. En ese momento sentí como me tomaban del brazo y nos conducían en una semi-inconciencia por las lúgubres, y destruidas calles de la cuidad. Se abrieron unas puertas de un recinto, el cual reconocía bien pues era unos de los tantos bunker repartidos por la cuidad, sabíamos que ante una amenaza real no servirían de mucho. Pero al momento de entrar, sentí como una sensación mezclada con sentimientos melancólicos inundaba mi ser ya abatido por la fatiga y frío de aquellas noches de vigilia. El lugar era iluminado y reconfortante, había música ambiental que provocaba una especie atmósfera calma y totalmente ajena con lo que se avecinaba, esta música no era casual, estaba dispuesta en cada uno de los bunkers con intención de causar un efecto subliminal de tranquilidad a los residentes. Se separaban por habitaciones cada una con alrededor de 10 personas con acogedoras colchonetas y plumones abrigadores, las personas dentro de la habitación se encontraban conversando amenamente, mientras nuestro guía nos mostró nuestros sitios y diciéndonos que lo esperáramos un segundo que ya vendría con algo para comer. Ya terminábamos de comer y un sueño abrumador cerro mis ojos y con ellos mis últimos recuerdos de aquella noche.