jueves, febrero 23, 2006

Amo la Majestuosidad

Su cuerpo frió y azulado envolvía el mío como danzando la más bellas de sus composiciones, a veces me remecía su fuerza, pero el cariño con el que acariciaba mis cabellos era conmovedor, era un día soleado, fue el día del temblor, y aunque se ve majestuosa y gigantesca, ella estaba asustada y alterada, pero le susurre que toda iba a pasar y que no temiera, que siempre la protegería, tanto así que mi vocación es para ella.

Su mirada era penetrante, algo indiferente, pero estaba inquieta algo le sucedía, hasta que al fin se decidió a contarme. Tenia un poquito de pena, por que mi última visita había sido corta y ni siquiera nos habíamos podido abrazar en aquella oportunidad, también me dijo de su única confidente, la Luna, con quien lloraba amargamente por mi inminente partida y por su tan angustiosa soledad, también de la impotencia que sentía, por ni siquiera poder darle un beso de gracias a su querida amiga, que por mas que se empinaba jamás la alcanzaba.

El atardecer era precioso, lo adornaban colores dorados y anaranjados, los últimos rayos del sol se despedían con fuerzas, y en un parpadear, el ocaso se había marchado, y casi en la oscuridad me despedí de ella, la que me había acompañado desde mi nacimiento, entonces dejo caer una suave brisa que refresco mi cuerpo, un poco quemado por aquel ardiente sol, le regale una reverencia, y me fui.

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